65117080_2669130353164649_350483685134303232_oLes traigo un retazo de historia hispana, de la mano del escritor y periodista limeño Miguel Ricardo Palma (1833-1919).Una historia que conecta la Capa Española con la muerte del marqués, gobernador y Capitán General del Perú don Francisco Pizarro.
Todo empezó la tarde del 5 de junio de 1541, en la reunión que mantuvieron LOS CABALLEROS DE LA CAPA en el solar de Pedro de San Millán, los doce hidalgos españoles, todos ellos agraciados por el rey, por sus hechos en la conquista del Perú. Aunque la derrota en la batalle de las Salinas (6 de abril de 1538) frente a los Pizarro, los dejó absolutamente arruinados, sus bienes fueron confiscados, dejándolos en la pobreza más absoluta, hasta llegar a limosnear para subsistir. En los hechos acaecidos intervinieron los Pizárro, Picado su secretario, que aumentó la mala ventura de los 12 CABALLEROS DE LA CAPA. No hay que olvidar a Juan de Velázquez el alcalde con su vara de juez, ni al licenciado Cristóbal Vaca de Castro.
Muerto el líder de los doce, el Mariscal Diego de Almagro “el Viejo” en cuyo bando lucharon los de la Capa, estos recibieron el nombre popular de “almagrístas” y también “de los de Chile” (Pedro de San Millán, Cristóbal de Sote-lo, García de Alvarádo, Diego Méndez, Francisco de Cháves, Juan Téllo, Jerónimo Almagro, Rodríguez Barragán, Gómez Pérez, Diego de Hoces, Martín de Bilbáo y Martín Carrillo), todos ellos valientes soldados.
Tal era la necesidad en la que estaban, que “es sabido –cuenta Ricárdo Palma- que ningún hombre que en algo se estima, sale a la calle en mangas de camisa; así en los tiempos antiguos, nadie que aspirase a ser tenido por decente, osaba presentarse en la vía pública sin la respectiva capa. Hiciese frío o calor, el español antiguo y la capa andaban, ya en el paseo y en el banquete, ya en las fiestas de la Iglesia”. Para colmo de la miseria, los doce hidalgos, no tenían entre todos más que una capa, de forma que cuando alguno estaba forzado de salir de la casa que ocupaban, solar de Pedro de San Millán, los demás quedaban arrestados en casa sin poder salir, por la falta de imprescindible prenda.
Existe un hecho de interés, que en cierta forma conecta con EL MOTÍN DE ESQUIlÁCHE, ocurrido años después, se trata del Decreto de 1822 por el que el Ministro Monteagúdo prohibió a los españoles el uso de la Capa, hecho este que tuvo para la independéncia de Perú, la misma importancia que una batalla ganada a los insurgentes, abolida la capa, desaparecía España.
El nuevo secretario del Marqués, no tenía más objetivo que escarnecer y hacer burla de los doce hidalgos, vistiendo una capa corta de brocados y montado en un espléndido caballo paso la tarde haciendo caracolear al animal a la puerta de “los chilenos”, y procurar el encuentro con alguno de ellos para burlarse abiertamente. El odio y la sed de venganza fue apoderándose de los Hidalgos de la Capa. Rada reunió a los Caballeros y expuso las quejas contra Picado, decidieron no esperar justicia del representante de la corona que venía de camino. Así, García Alvarado, que portaba esa tarde la Capa de los 12, tirándola al suelo se puso en pié sobre ella y dijo: “juremos por la salvación de nuestras ánimas morir en guarda de los derechos de Almagro el Mozo, y recortar de esta capa la mortaja para Antonio Picado”.
Los conciliábulos se sucedieron, la compra de armas, con el objetivo darle muerte a Pizarro. Muchos fueron los que avisaron al Marqués de las intenciones de los doce de la Capa.
El 25 de junio de 1541 visitó al Marqués “un clérigo obispado” para advertirle del rumor de la calle, que pregonaban su muerte.
El día siguiente, domingo, el Marqués despertó preocupada, no salió a oír misa, y pidió que la celebraran en palacio. Llamo al alcalde mayor Velázquez y le dio orden de vigilar de cerca a los Caballeros de la Capa, y que al mínimo indicio apresara al caudillo Almagro el Mozo y a sus mas amigos. Velázquez le dijo que mientras él tuviera la vara de mando, nadie iba a atentar contra su vida. Velázquez no fue prudente y conto a más de uno la entrevista con el Marqués, llegó a oídos de Pedro San Millán, quien fue a casa de Rada que se encontraba reunido con 19 conjurados, y a la voz de “tiempo es de proceder, pues si lo dejamos para mañana hoy nos hacen cuartos”, salieron por el callejón de los clérigos, con las armas desnudas y se dirigieron a Palacio. La muchedumbre, mas de 500 personas, que iban a misa de 12 , se apartaba para dejarlos pasar, y alguno decía “estos van a matar al marqués o a Picado”.
Al llegar a Palacio se originó una gran confusión, salió el Marqués, con la coraza a medio poner y con la capa en un brazo a modo de escudo, le acompañaban Martín de Alcántara, Ortíz de Zárate y dos pajes, ya habían fallecido a manos de los conjurados un capitán y herido de muerte a cuatro criados. ¿Traidores porque me queréis matar? gritaba el marqués.
Los conjurados logran pasar el dintel de la puerta, que defendía Pizarro, este hirió a un conjurado, pero Martín Bilbao le dio una estocada en el cuello, y el Marqués diciendo “Jesús” se desplomó, al tiempo que hacia una cruz con su sangre en el suelo y la besaba.
Los Conjurados se hicieron a la calle llegando hasta la Plaza gritando “¡Viva el Rey!” “¡Muerto es el Tirano!” “¡Viva Almagro!” “¡Póngase la tierra en justicia!”
Solo catorce meses y medio se mantuvo como Caudillo Almagro “el Mozo”, ya que la campaña emprendida por Vaca de Castro por indicación real, acabó para siempre con Almagro y los DOCE CABALLEROS DE LA CAPA.
Carlos Verdú